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En mi adolescencia, uno de mis sueños era trabajar en la NASA y, quizás, convertirme en astronauta. Dos de mis objetivos eran, uno, pilotear una nave espacial, y dos, contribuir en la forma en que se llega al espacio, es decir, hacer más "viable" el salir allá afuera. Obviamente que no se me dio, pero hay un señor llamado Richard Branson que se ha dedicado a hacerlo, aunque aún hay que tener muchos ceros en la cuenta bancaria para darse ese lujo.
Según los comentarios realizados a los que han estado en el espacio exterior, es difícil bajar a la tierra una vez se está "en el cielo" (como algunos comparan). La majestuosidad de la creación, vista desde arriba, debe ser una experiencia comparada con pocas cosas sobre la tierra. Y aún más allá, cuando vemos las imágenes captadas por los grandes telescopios de constelaciones y galaxias, volver a la "cruda realidad", a mí me resultaría bastante cuesta arriba.
Aunque no existe parangón alguno, me imagino a algunos de los que han llegado a "su cielo", en cuanto a fama, fortuna y posición social: temen con horror "bajar a la tierra" y ser "uno más". Algunos, no saben manejarse y se vuelven un desastre; otros, al bajar, terminan quitándose la vida, porque no soportan volver de donde salieron.
Cuidado con la cima que buscas, ese "cielo" que deseas alcanzar en tu vida. Puede ser un cielo del que, eventual o definitivamente, tendrás que bajar, y ese golpe al caer podría ser demasiado duro de soportar. Actúa con astucia: busca el cielo al que, para llegar, no es necesario tener muchos ceros en la cuenta, y de donde no tendrás que bajar jamás.
2 Corintios 4:18
no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.